domingo, 22 de julio de 2018

Texto 14.19

14.19 “Para que haya arte hay que convocar a la misma feria a los genios de la tierra desde la limpieza, a las hadas del aire desde el amor, a las musas del fuego desde el sacrificio y a los ángeles del cosmos desde el azul. Y los genios y las hadas se pueden encontrar porque se esconden en la belleza de las cosas, están detrás de una mirada y flotan en un paisaje, pero las musas y los ángeles viven en las ciudades de cristal esperando el impulso del hombre para su evolución. Y es en si misma la evolución la síntesis poética de todas las artes.”
 
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Tratar de convocarnos desde la limpieza, la fluidez de nuestra energía, la falta de máculas, manchas, pecas, pecados. No poner obstáculos a la energía ascendente de kundalini; cruzar abrazando el centro del caduceo con ochos que acaban abriéndose en la horizontalidad de la cruz, dando y buscando amor. Genios de la tierra, hadas del aire, intento de purificación, logros del amor que cada vez se magnifican más y buscan la alegría, la comunicación con musas y ángeles; musas que esperan la llegada del héroe cabalgando a Pegaso, ese héroe que deberíamos ser todos los que quieren completar su evolución. Y también ese caminante, ese héroe, que durante todo su trayecto ha ido recibiendo el mensaje del ángel —mensajero, hermes, angeloi—, mensaje que se modificará en su camino y que desde su evolución abrirán las ciudades de cristal donde se encuentran a la espera las musas, los ángeles.
Esos ángeles, desde el azul van a enviar mensajes del Padre al Cristo, al Ungido, a Jesús de Nazareth. Anunciarán su venida; le acompañarán en Getsemaní, abrirán su sepulcro y caminarán con él a Emaús. Y no modificarán su mensaje porque el Cristo es la «evolución, síntesis poética de todas las artes».

martes, 3 de julio de 2018

Solo, sólo solo


Aquí se quedará solo
cuanto en la vida forjo
sólo amargura y pesar
arrastrados al solaz
de soledades que azar
zarandeó a su pasar
para de vuelta rondar
cantares que al despertar
desvelarán sin piedad
qué fue y qué no fue verdad.
Y sólo quedado y quieto,
mustio de tanto pesar, 
solo sabrá recordar
que de haber subido más
en la escala del afán
de no querer mal causar
ni en tristezas embotar
al alma que lo sufrió
se hubiera podido alzar de, 
de rodillas, llorar.