lunes, 11 de junio de 2018

Texto 14.13

14.13 “ Cuando el viejo perseguido e incomprendido, Pitágoras, formulaba la teoría de las esferas y creaba las bases de la lectura y transmisión musical, ofrecía al mundo la sincronía entre chakras y colores, entre colores y notas musicales y horas del día y de la noche compatibles con tipos de danzas, músicas y cantos; pero el mundo siempre escucha parte del mensaje, el resto queda prendido en los alambres de la memoria pránicos para que ese alguien que siempre está naciendo lo rescate.”
 
COMENTARIO DEL AVENTURERO
¿Dejó escrita Pitágoras su teoría?, ¿se perdieron posteriormente sus escritos?, ¿fueron perdidos de manera intencionada?
En cualquier caso parece que desde esa memoria pránica de la que habla el autor, podríamos acceder al conocimiento que Pitágoras descubrió para la humanidad. Un espacio (o lugar, o tiempo) al que probablemente sólo se pueda acceder cuando uno está preparado, cuando ha llegado a un estado de pureza suficiente… en el que no quiere perjudicar ni a Pitágoras ni a nadie, claro.
¿Pero acaso desde Pitágoras hasta nuestros tiempos hemos llegado a conocer mejor nuestra compleja forma congnoscitiva? ¿La forma en la que reaccionamos ante la luz, el color, el ritmo y lo que esto provoca o despierta en nuestro organismo? Parece que no.
La sincronía es una potente herramienta para alterar nuestra consciencia. Sincronizar los colores, las notas musicales, las formas geométricas, los números, los biorritmos, ¿no es un trabajo que tiene que ver con mantras, mandalas, pranayamas, un trabajo yóguico? Sin duda Pitágoras creía en las grandes posibilidades del ser humano, en su evolución profunda y trabajó para potenciar su consciencia, su organismo, su misterio.
Despertar el organismo, alterar la consciencia para que se despierten en nuestras células memorias impulsoras, propulsoras, superconductoras, nuevas. Produciría risa, alegría, velocidad… como bailar.
Salir de una hipnosis estéril a la que nos empuja y nos empujamos dentro de un sistema que sólo nos quiere adocenados, dormidos, atados a ritmos repetitivos, binarios, mecanizados…
Pero no nos quedemos solo con el aspecto racional del mensaje… Ni el de este párrafo, ni el de los pequeños sucesos, encuentros, hallazgos, sensaciones de armonía, que pueden ser enormes. Si estamos naciendo constantemente, tenemos una nueva oportunidad siempre de atender a lo más importante y también de llamar a las musas.