domingo, 9 de julio de 2017

Texto 12.35


12.35 “De siete raíces que emergen hacia la realidad material nacen los vectores que originan el ritmo. El nacimiento se une al eje desde la horizontalidad, en él se forja una constante que buscará el camino a la flecha que llamamos libertad, su atributo es la memoria que viene grabada en la genética y se renueva en cada impulso o nacimiento rítmico”.
 
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Desde que se prende la mecha de la vida, todo es un continuo ciclo, un nacer y morir. Lo cual me hace pensar que esa mecha vital no es más que un punto de otro ciclo, no sé si llamarlo superior pero sí distinto, como si el paso por la materia fuera un punto en algún otro pranayama. En cualquier caso, limitando el comentario a lo que llamamos vida, a este paso por la materia, o por esta materia y por su oxidación, existe un ritmo constante que es nuestra respiración, que funciona además de manera involuntaria, y menos mal…
Morimos y renacemos muchas veces a lo largo de un día, salimos del tiempo muchas veces y volvemos a él, sin llegar a dormir soñamos, sin ser conscientes de que hemos dado la vuelta a la cuerda del tiempo, de que hemos pasado por el no tiempo, de que volvemos una y otra vez a asumir ese acto heroico que es la vida. Quizá la libertad sea entender o afrontar este hecho, de manera que procuremos tener presente siempre que la vida es un acto Voluntario, que no se hizo una vez cuando llegamos a este mundo, sino que nuestro organismo vive segundo a segundo una y otra vez por Voluntad.
Y nuestras memorias se renuevan de igual forma, nunca son las mismas. Romper la trampa del recuerdo psicológico quizá potencie un vivir hacia el futuro desde asumir el pasado, pasado que realmente no conocemos tanto como creemos conocer. Nuestro estado es un pasado continuo; observando esto así puede que alcancemos a ver cuánto de ficción, fantasía o recreación mental (psicológica), hay de lo que entendemos por memorias, posiblemente quisiéramos abrir paso al olvido y se encendiera de nuevo ese espíritu de aventura que originó nuestro nacimiento y empezáramos a ver las memorias fundamentales de las que somos portadores. Imagino que esto sea como mapa de nuestro destino, de igual manera que un ave conoce su camino. Esto no anula nuestro libre albedrío, el camino sigue debiendo recorrerse. Romper el inexistente presente, abrir la jaula a la libertad.
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De siete raíces que nacen en planos desconocidos pero que son sentidos, intuidos, que nos conforman y nos impulsan. Siete raíces, siete fundamentos, suelos abonados para nuestra evolución, que van a abrazar la materia para engendrar vectores de los que nace el ritmo.
El ritmo, sexto sentido, unido desde la horizontalidad al eje para buscar la verticalidad de esa flecha que llamamos libertad; unido hacia la memoria grabada en la genética, que se renueva y nace una y una vez en cada impulso rítmico.
Saber que no somos seres inmóviles; que la estanqueidad lleva al cieno de la no evolución; que la vibración, la velocidad, nos purifica y limpia de pecado, de energías oscuras que obturan el fluir de nuestros ríos interiores; que queremos buscar ese camino trazado por la flecha, por la libertad; que queremos que el Arquero, Quirón, el que dirige la lidia, el picador que con su lanza libera nuestra sangre para reconducirla, nos ayude en nuestra lidia a salir por la Puerta Grande.