domingo, 5 de marzo de 2017

Texto 12.17

12.17 “Son los biorritmos del siete que manejaban y aún manejan los chamanes siberianos; según esas antiguas tradiciones, los estados nerviosos y humorales van cambiando cada siete años y capacitando a los seres humanos para empresas y formas de vida diferentes.”
 
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
El número siete nos indica el inicio de una tarea, de un trabajo que va a irnos liberando de trabas, de máculas, que va a permitir agrandarnos; ser mejores. No es un número que se ensimisma y envuelve y queda concluso. Al final de su tarea dejará abiertas compuertas para que lo logrado no se estanque y poder así continuar de nuevo la tarea; otra. Y así se formará una cadena creativa que se preñará de nuevas posibilidades y cada vez nos dilatará en nuevos horizontes.
Hemos abandonado el Paraíso, Ítaca, y emprendemos el camino de la experiencia, de la búsqueda. El abandono de lo mullido, de no saber qué es enfermedad, qué es muerte, tener esa conexión con lo numinoso, con las memorias anteriores que caracteriza a la niñez; va a concluir cuando se cierre la corona, la tipharet, el séptimo chakra y, posteriormente, el timo. Al blindarse el cuarto chakra, nos blindamos al amor.
Definitivamente expulsados de nuestro paraíso a la baja, el hombre transitará por la vida de siete en siete peldaños asumiendo nuevos retos, nuevas tareas.
Ariadna ayuda a Teseo a no perderse en el laberinto y le entrega un ovillo que le va a servir de guía; como Pulgarcito, señalizando el camino con piedras. No van a perderse, pero esa seguridad implica volver a la puerta de entrada, al inicio. Y no es eso. Hay que salir volando, transcendiendo el plano de subsistencia, de complicidades y posesiones.
Teseo lo hace bien; va a bailar la danza de la grulla. La grulla es un animal sagrado, su baile es sagrado, y Teseo recorrerá un nuevo laberinto luminoso en otro plano también luminoso.
Ariadna es abandonada y durante siete años, siete, redimirá no haber cumplido su misión; cumplirá otra: liberar al Minotauro. Y en su caminar hacia el amor, hacia Dionisos, llegará a ser diosa: pareja del dios.
Ulises también es retenido por la maga del inframundo Circe. Siete años durará su estancia en la Isla sin Nombre; siete años en que se adentrará en sus tierras profundas, en esa cueva de los tesoros, del bien y del mal, de su autenticidad. Después, la vuelta a Ítaca, el paraíso perdido, será más rápida. Vuelve con toda la experiencia acumulada de este largo viaje por la vida. Él ha cambiado; el Paraíso también.