domingo, 30 de octubre de 2016

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Texto 11.22

Publicado por  el Oct 30, 2016 en Undécimo mensaje. Las cárceles de la razón.

11.22 “Cuando el hombre busca con sosiego ampliar la consciencia, reconocerse en su provisionalidad, está borrando la deuda con el mundo y buscando la alianza entre biología, voluntad, conciencia y destino; ni se huye de la vida ni se intenta detenerla, y desaparece la necesidad de ser admirado, de ejercer poder y prestigio”.
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COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Desde la lectura atenta de este texto, sincrético y preciso, me surgen dos especiales reflexiones a desglosar.
La idea de asumir nuestra provisionalidad, en primer lugar, me parece que hay que subrayarla, aunque pueda parecer que este libro insiste de muchos modos en ello. Porque nuestra mente se resiste rígidamente a asumir, minuto a minuto, ese relativismo, esa condición de ilusorio con que está fabricada esta ficticia realidad, que tantos banales afanes nos procura. Idea-requisito fundamental para la evolución, es sin embargo aquello que los que rigen el mundo, los que deberían ser más sabios, más se niegan a difundir, y aún peor, impiden que se conozca con mil y un equívocos racionalistas cargados de dramática prepotencia. Con la venia de sus súbditos todos.
La segunda es que si todo ser humano que nace tiene una deuda con el mundo, viene ya con una responsabilidad sobre sus hombros. El propósito de borrar esa deuda no es, por tanto, un mero heroico “gesto” de generosidad, sino que deberíamos considerarlo más bien como una especie de obligación cósmica, un requerimiento de responsabilidad inherente a lo humano. Y consiguientemente con todo lo mal que se han hecho y se están haciendo las cosas, de lo cual no podemos considerarnos simples espectadores o candorosos lectores de libros de Historia. Portamos en nuestro ADN colectivo, en eso que se ha dado en llamar “basura genética”, esa carga y esa íntima exigencia, pues en él está inscrita, de forma y lectura aún incomprensible para nuestra razón, pero quizá no para nuestra conciencia, la memoria de la humanidad. (Ver párrafos 5.24 y 10.5)
Desde la adopción de ese sano y humilde escepticismo acerca de lo que creemos ser y desde el auténtico reconocimiento de esa responsabilidad ontológica con el mundo, puede que sea mucho más evidente lo ridículo de nuestra necesidad de admiración, prestigio y poder.

martes, 11 de octubre de 2016

Mira, estas bonita:

No me creí donada delo que di "zen" misa migas. Pero Noé re plica do ni una pala abra. Va mosqueta bien, ya quien san Juan se ladee san Pedro se laven diga "treinta y tres".
Di "galo". O decí "metro".

Árame vía dormir.