domingo, 10 de julio de 2016

Texto 11.10

Publicado por  el Jul 10, 2016 en Prólogo a la carta número once. La cárcel del ego.

11.10 “Mientras en la vigilia, los vendedores de sueños siguen predicando soluciones de baratillo. Algunos vocean mitades de fórmulas mágicas robadas a las artes evolutivas, otros proclaman las ventajas fantásticas de la relajación y cuentan a las gentes confusas lo que quieren oír y hacen sortilegios que buscan confundir trabajo con adocenamiento para rodearse de admiradores que han dejado de creer en sí mismos. Suelen ser personajes que manejan citas, de porte engolado y mirada autosuficiente, que se refugian en conocimientos secretos que nunca ejercen y que manejan la buena fe de las gentes como una mercancía más en el mundo del consumo. Son usurpadores que no saben nada de chamanes y de magos, y menos de maestros de la fe, pero manejan citas sánscrito-brahamánicas o cabalísticas o sufíes desde la difusión de algunos rituales, orquestándolos de manera uniforme y multitudinaria. Son verdaderos impostores que sospechan que el hombre asiste indefenso en apariencia a la crisis de la fe, y que el súbdito de la infraconsciencia, la razón, no puede dar respuestas a tantas interrogaciones pintadas en las caras de los espejos”.
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Vivimos tiempos de confusión y contradicción donde se reivindica la libertad a voz en grito mientras se exigen derechos y se descartan obligaciones. Donde se habla de salud como si esta fuera un síntoma de evolución, donde se buscan un cuerpo y mente sanos, como si la mente estuviera formada exclusivamente por el pensamiento, éste la más de las veces egocéntrico y obsesivo.
Se convierten en prácticas de entretenimiento o terapéuticas, ancestrales planteamientos profundos sobre el sentido del hombre y su evolución; y cuántas personas se autodenominan maestros de ese conocimiento tras haber recibido un cursillo intensivo de seis meses, considerándose capaces por ello de guiar a mucha gente hacia el camino de la felicidad. Por supuesto, no saben demasiado acerca de las diferencias energéticas de cada persona, ya que tratan a todo el mundo por igual sin preocuparse o ni siquiera plantearse con responsabilidad la trascendencia o repercusión que sus prácticas puedan tener en quien se pone en sus manos. Por otro lado está el seudo paciente/discípulo que tampoco tiene esto demasiado en cuenta, ya que su principal motivación es conseguir un estado de tranquilidad con poquito de esfuerzo, y que deje de dolerle el dedo gordo del pie, porque esa es la señal de estar en paz y armonía con uno mismo y la naturaleza. Por supuesto esto dura solo un poco, tras salir de la sesión de “yoga”, y pronto volvemos a caminar por la calle ciegos y sordos, cabizbajos, infelices, tristes y solos.
El esfuerzo, el conseguir por uno mismo, el desarrollo, nada importan a esta sociedad de los remedios instantáneos. Y ante esta situación se abre un negocio amplio y muy rentable: el de la dependencia psicológica a todas estas prácticas seudoespirituales, estandarizadas, masificadas, desde planteamientos utilitarios y personalistas, buscando en ellas un beneficio exclusivamente propio, olvidando que la libertad esta más cerca de servir que de necesitar que te sirvan.