domingo, 8 de noviembre de 2015

Texto 9.17

9.17 “A veces el hombre se complace en la búsqueda del sufrimiento mientras manifiesta su risa en la contemplación mezquina del miedo ajeno. Y no pregunta al hechicero, ni al faquir, ni al chamán el secreto del ruido que provocan los miedos. Pedid al ego viejo, tantas veces enfermo, que os cuente a través del humo de un fuego apagado por qué asustan los cuentos de encuentros del tiempo pasado con el presente. Preguntad por qué paraliza saber que todo el Universo es un camposanto y las sábanas de agua han tapado los cementerios. Preguntadle a ese yo, que se mantiene vivo, por la sangre que le dan a beber los apsaras, por qué es necesario poner alas a los ángeles para justificar el vuelo, por qué ponerle ojos a los dioses y manos a los médicos de siete rayos”.
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
El día acaba de nacer y ya somos viejos. Como si en cada cucharada de amargura que nos desayunamos cada día en las primeras respiraciones despiertos nos tragásemos los siempre renovados duelos de las dolorosas vísperas, incapaces de escapar a su constante veneno. Y no, no naceremos al día inédito, al futuro sin mácula, si no nos desprendemos de esa querencia al sufrimiento, de ese vergonzante regodeo de lo muerto, ansiando además que a nuestro alrededor nadie viva, que nadie logre reírse de sus miedos, para que no resulte aún más evidente que hemos quedado un día más atrapados en las entretelas de una muerte preñada de silencios, abortados en la miseria del miedo, orgullosos de permanecer postrados a la sombra del tiempo.
Necesitamos razones y justificaciones de lo maravilloso, sabiendo que lo maravilloso está infinitamente más allá de lo comprensible, de lo justificable. La Verdad está Viva y vuela muy por encima de cualquier concepción de la realidad imaginable.