martes, 19 de junio de 2012

"Mis amigos"

Es frecuente escuchar a personas decir “mis amigos”, las hay incluso que tienen muchos amigos y que, cuando cuentan alguna circunstancia o etapa dolorosa o difícil de sus vidas, dicen que pudieron superarla gracias a sus amigos.
Un grupo de amigos, ¿no es de alguna forma un círculo restrictivo, una especie de clan?
¿Es de verdad tan probable, en términos matemáticos, que justo en nuestro entorno, en el medio habitual en que nos movemos, haya tantas personas (a juzgar por la cantidad de amigos de que alardea la gente) con las que congeniar; o lo es mucho más que esos que llamamos amigos estén siendo en realidad cómplices, tan asustados de la soledad y el aislamiento como nosotros mismos?
¿Nos queremos de verdad tanto con nuestros amigos como para soportarlos? ¿Podemos de verdad ser tan auténticos con ellos como para que nos soporten?
¿No sucede más bien que nos inmolamos, renunciamos a nuestra verdad, en aras de intereses no diré que siempre mezquinos o pobres pero sí en muchas ocasiones sólo prácticos?
Conozco, como todos, imagino, alguna señora que tiene una amiga que sabe coser y que, por lo tanto, su amistad le resulta conveniente a la hora de arreglar una falda.
Solo es un ejemplo, claro; y hay infinidad de ejemplos. Lo que quiero decir es que lo que en términos tan razonables e incluso filosóficos denunciamos a gran escala, lo practicamos a nuestra pequeña escala personal sin pestañear ni ruborizarnos ni pararnos a echar cuentas de si nos estamos falseando.
Todos, a mayor o menor escala y desde actitudes en apariencia inocentes e incluso altruistas (a la amiga que me arregla la falda yo le corto el pelo, que se me da muy bien y además de alguna forma tengo que corresponder), claudicamos de nuestras verdades — nos contamos a lo mejor sí nuestras vidas, lo menos esencial por cierto de nosotros mismos — y amordazamos nuestro pensamiento por no desentonar y por el temor a ser rechazados.

Vamos, por resumir, que a la tiranía del pensamiento único, de la forma de pensar de “nuestro círculo”, nos doblegamos todos, o casi todos, y en todos los aspectos, desde los más profundos como pueda ser lo relacionado con las creencias a los más superficiales como la forma de vestir o el gusto por un determinado tipo de música, o de cine, o de lectura, o de diversión, o de lo que sea…