miércoles, 15 de febrero de 2012

Texto 3.16 (Último del prólogo a la carta número tres)

Publicado por  el feb 15, 2012 en Prólogo a la carta número tres. Rastros de nuevos tiempos | 43 Comentarios

3.16 “En las tierras anchas de Rusia, la luz que facilita la respiración perfecta, que acapara los pulsos, que despierta a la mente intuitiva, que transforma el deseo en voluntad, que reza y persigue la consciencia, es la luz del aceite y de las musas, la que no habita en la apariencia, la que desfigura la apariencia de la realidad, aquella que con menor vibración ilumina el cerebro, el futuro”.
Afrodita
15 febrero, 2012
No conozco Rusia, ni por tanto sus tierras que siempre, eso sí, me he imaginado muy anchas. Por otra parte tengo oído que las gentes somos como los lugares en los que… no me sé bien la letra y dudo si dice en los que nacimos o en los que nos movemos.
Pero el caso es que, en la medida en que sí conozco (poco) de tierras y espacios tan distintos como se dan en la relativamente pequeña extensión de España, sí creo que los lugares (las regiones) más abiertas y luminosas propician una forma de ser también más abierta.
No me refiero con abierta a que se sea más comunicativo o risueño o bullanguero, sino a una forma de percibir la vida y el mundo de manera más… Se me ocurre “ecléctica” y lo dejo estar.
No quiero poner ejemplos concretos de tantos y distintos artistas (sea en cante, sea en baile, sea en prosa, sea en poesía, sea en lo que sea) como, dependiendo si son o han sido del sur o del norte o del centro o de cualquier otro punto cardinal, han plasmado qué veían, qué escuchaban, qué respiraban de maneras (algunos, por eso no quiero meterme en el jardín de nombrarlos) pavorosamente estrechas, casi agobiantes, mientras que otros nos muestran a través de su hacer y de su plasmar y su expresar una concepción del Todo que, sin dejar de ser subjetiva (y eso no es defecto, todo lo que una persona dice o hace ha de ser subjetivo para que se lo perciba como veraz) es bastante más… No encuentro la palabra, pero me imagino una especie de eclosión (si sirve).
Y eso tal vez se deba, sí, a que los espacios conllevan que las respiraciones y los pulsos tengan distintos ritmos en unos y en otros; y a lo mejor a que las musas puedan en unos corretear a campo abierto mientras que en otros se tienen que abrir camino a trancas y a barrancas y echando el bofe…
O lo mismo estoy largando una sarta de sandeces y lo he entendido todo mal y resulta que la fuerza interior del alma humana puede vencer cualquier tipo de estrecheces; y que las musas cuando ven la cosa chunga abren las alas y salvan todos los obstáculos y todos los inconvenientes.
                    No lo sé.
                    ***
La tía viuda de las de Barbadillo del alcornocal
21 febrero, 2012
“La que no habita en la apariencia, la que desfigura la apariencia de la realidad”.
Que sea luz que no habita en la apariencia induce a pensar que sí es luz que sí habita en la realidad; pero, acto seguido, te encuentras con que ella misma – esa luz – desfigura la apariencia de la realidad.
Es decir, si estoy entendiéndolo bien, que sin esa luz la realidad es aparente.
Y si la realidad que tenemos por real es aparente casi como que no queda otra salida que inferir que la verdadera realidad sólo lo es una vez que ha sido ungida; una vez que ha “pasado por las manos” de las musas.
Pero, pregunto, ¿no son las musas criaturas adornadas de muy poquito sentido práctico?
Las musas no se preocupan, las muy panda frívolas hatajo de egoístas despiadadas, de los pequeños aconteceres que conturban y desasosiegan a los pobres mortales (estoy pensarlo, sin poderlo evitar, en que se me han desprendido esta misma mañana cuatro azulejos del cuarto de baño) que no nos sentiríamos desasosegados y conturbados si ellas, tan a lo suyo y a su mantenerse en su esencia y puridad contra viento y marea y a no dejarse influenciar por las tribulaciones de quienes las convocan, se mostrasen, aunque sólo fuera un poco, más propicias.
Pero las musas son esquivas; se desentienden de las angustias y tribulaciones de aquellos que, deseosos e impacientes por hallar un algo de sosiego que propicie el invocarlas, ven frustrados sus afanes cada vez que, por poner un ejemplo, se les desprenden cuatro azulejos del cuarto de baño.
Y así no hay manera.
***
El sobrino del guarnicionero
28 febrero, 2012
Es verdad, parece que en circunstancias favorables, cuando la vida fluye sin sobresaltos y el entorno es amable, el alma tiende más a dejarse llevar por la inercia de esa facilidad, y simplemente absorbe lo que hay; son épocas, esas apacibles — que se dan, aunque en ocasiones por periodos muy cortos o de forma esporádica, pues hasta en las circunstancias más adversas aparecen momentos de respiro —, que invitan a nutrirse de lo que otros hicieron, o crearon, en las épocas ingratas en que la única salida era hurgar en los propios recursos.
Y va dando la vuelta, como en ciclos. Tiempos de dificultades y creatividad que paren obras teatrales, literarios, o pictóricas o musicales que en tiempos bonancibles acudiremos a contemplar o leer o escuchar…
Un poco como si la memoria colectiva tuviese un algo de espíritu de hormiga (y de cigarra al mismo tiempo) pero — me acabo de dar cuenta en este instante, justo al escribirlo —, cosa curiosa, con los tiempos invertidos; quiero decir que almacenamos cuando no hay riqueza o abundancia y derrochamos lo que hemos recolectado con tanto esfuerzo cuando el entorno ofrece abundancia.
Esto me lleva a barruntar si la auténtica riqueza, lo que hace grandes a las naciones, será más lo que son capaces de crear sus gentes (su cultura y todas sus expresiones artísticas, imagino que quiero decir) que su PIB.

sábado, 4 de febrero de 2012

Letra para música Rap

He subido he bajado de los cielos al sotano mas oscuro mas lobrego de todos cuantos sotanos pueda hallar el alma en vuelo que batalla y se debate y que lucha por salvarse de las garras del maligno que quiere torcer su sino y lanzarla a los abismos del horror y del maldito infierno de los proscritos que se vieron desterrados de la casa del Divino.

He rogado he plañido he llorado y he reído y he mirado a las estrellas por ver si veía algún signo de la gloria de la gracia y de la bondad que emana de las almas de los hombres de los cuervos y las ranas y de todo cuanto vive sobre la tierra que brama en demanda de almas puras que busquen no mancillarla.

He lavado he barrido mi casa y me he vestido con las galas que me adornen del encanto requerido para ir a buscar posada allá donde no haya nada del pavor ni la desgana que atormenta en la mañana a las gentes que se lanzan sin rumbo y sin esperanza a la calle por largarse de la soledad malsana.

He buscado y me he perdido y hoy encuentro en mi camino todos los rumbos queridos que soñados y dormidos despiertan por darme auxilio y llevarme hacia mi sino que no será sino el sino que aguarda a los descreídos que dejaron algún día de pensar que no existía en la vida más destino que una oscura tumba honda en un cementerio frío.