domingo, 23 de diciembre de 2012

Texto 4.22

Publicado por  el dic 23, 2012 en Cuarto Mensaje. La derrota de los Asuras 

4.22 “El sufrimiento se teme porque es metamórfico, puede colarse por cualquier rendija, y es difícil encontrar personas que no lo padezcan o lo teman. Y es la posibilidad de que aparezca el miedo, su aliado natural. Está precedido de desarmonía, sombra, juicio y egoísmo, entra por la puerta que vigila el as de oros, también cuando pierde energía la sangre de la copa que sostiene la sota, y cuando la espada que divide el tiempo se detiene y la cruz se convierte en instrumento para matar, también entra por la puerta que guarda el rey del palo floreado porque no pasa la luz cuando la diosa Maya ha fascinado a la inteligencia con el brillo de sus ojos de hierro pulimentado y ha raptado la luz para que parezca borrado el camino de la fe”.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Texto 4.19

Publicado por  el dic 2, 2012 en Prólogo a la carta número cuatro. Herencias 

4.19 “Algunos, creyendo haber entendido el mensaje de la libertad, se declaran en rebeldía: son los marginados que todo modelo necesita para perpetuarse. Los dos puntales del modelo son aquellos que han guardado el corazón en el frigorífico y los rebeldes, un modelo cuya estructura la vertebran los desencantados pasivos, los aburridos y los temerosos”.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Texto 4.15

Publicado por  el nov 4, 2012 en Prólogo a la carta número cuatro. Herencias 

4.15 “La mayor parte de los movimientos o posturas de autoprotección están destinados a la necesidad suicida de ser valorados por los demás, la afirmación en el grupo. La valoración y el dominio de los demás ocupa un lugar importante en el desarrollo del pensamiento dominante, es de hecho uno de los tabernáculos donde el ego se emborracha destilando alcohol desde las inseguridades ajenas.”

domingo, 7 de octubre de 2012

Texto 4.11

Publicado por  el oct 7, 2012 en Prólogo a la carta número cuatro. Herencias |

4.11. “Caminar hacia la pureza sería abrirse al mundo exterior, asumiendo y no absorbiendo las normas morales, dejando espacio a lo subjetivo, a esa responsabilidad de ser único e irrepetido”.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Texto 4.6

Publicado por  el sep 2, 2012 en Prólogo a la carta número cuatro. Herencias | 

“4.6  Y reflexionando más en el funcionamiento propio, verá cómo esas pinturas van cambiando de forma, y ello conduce a que se valoren los significados en la medida de su incidencia en el esquema de las necesidades o los deseos. Desafortunadamente este mundo cambiante choca con un modelo comunicativo basado en la estabilidad de los significados únicos, y lo que en principio parecían sendas de apertura se van convirtiendo en caminos de uso frecuentado, de mirada trazada y de paisajes de cartón, con sonrisas provistas de velos decorados que tapan aquello que no debe ser visto”.

martes, 19 de junio de 2012

"Mis amigos"

Es frecuente escuchar a personas decir “mis amigos”, las hay incluso que tienen muchos amigos y que, cuando cuentan alguna circunstancia o etapa dolorosa o difícil de sus vidas, dicen que pudieron superarla gracias a sus amigos.
Un grupo de amigos, ¿no es de alguna forma un círculo restrictivo, una especie de clan?
¿Es de verdad tan probable, en términos matemáticos, que justo en nuestro entorno, en el medio habitual en que nos movemos, haya tantas personas (a juzgar por la cantidad de amigos de que alardea la gente) con las que congeniar; o lo es mucho más que esos que llamamos amigos estén siendo en realidad cómplices, tan asustados de la soledad y el aislamiento como nosotros mismos?
¿Nos queremos de verdad tanto con nuestros amigos como para soportarlos? ¿Podemos de verdad ser tan auténticos con ellos como para que nos soporten?
¿No sucede más bien que nos inmolamos, renunciamos a nuestra verdad, en aras de intereses no diré que siempre mezquinos o pobres pero sí en muchas ocasiones sólo prácticos?
Conozco, como todos, imagino, alguna señora que tiene una amiga que sabe coser y que, por lo tanto, su amistad le resulta conveniente a la hora de arreglar una falda.
Solo es un ejemplo, claro; y hay infinidad de ejemplos. Lo que quiero decir es que lo que en términos tan razonables e incluso filosóficos denunciamos a gran escala, lo practicamos a nuestra pequeña escala personal sin pestañear ni ruborizarnos ni pararnos a echar cuentas de si nos estamos falseando.
Todos, a mayor o menor escala y desde actitudes en apariencia inocentes e incluso altruistas (a la amiga que me arregla la falda yo le corto el pelo, que se me da muy bien y además de alguna forma tengo que corresponder), claudicamos de nuestras verdades — nos contamos a lo mejor sí nuestras vidas, lo menos esencial por cierto de nosotros mismos — y amordazamos nuestro pensamiento por no desentonar y por el temor a ser rechazados.

Vamos, por resumir, que a la tiranía del pensamiento único, de la forma de pensar de “nuestro círculo”, nos doblegamos todos, o casi todos, y en todos los aspectos, desde los más profundos como pueda ser lo relacionado con las creencias a los más superficiales como la forma de vestir o el gusto por un determinado tipo de música, o de cine, o de lectura, o de diversión, o de lo que sea…

martes, 8 de mayo de 2012

Tiempo muerto



Cuántas veces al abrir un armario se encuentra uno algo que hace años que no utiliza y que lo único que está haciendo es estorbar; pero se lo deja, seguir estorbando y continuar ahí exhibiendo desolado su inutilidad, nada más por no vencer la apatía y decidirse, de una vez, a desprenderse de ello o buscarle, al menos, una ubicación en la que deje de ser un incordio.

Hoy, la tabla de planchar y un tendedero plegable. De buena gana los hubiera sacado, sencillamente — ah, y una silla, plegable también pero muy buena y muy parecida, por cierto, a otra igual de nueva y de buena que encontré un día en el cuartillo de las basuras y que como una urraca, esa sí, lo que hice fue agarrarla y meterla en el trastero sin saber para qué —; sacado sencillamente y dejado en la acera. Pero no, hay que ser civilizado y si uno va dejando en la acera todo lo que ni necesita ni quiere las aceras terminan pareciendo chatarrerías y las ciudades tomando un aspecto muy cutre, y más ahora que con la crisis el ayuntamiento suprimió (bueno, que ya hace meses) el “servicio de  recogida de muebles y trastos viejos”.

Pero es que, además, no siempre el trasto es en sí tan trasto ni está viejo o inservible; ocurre sólo que uno no le encuentra utilidad, pero es seguro que alguien en alguna parte se pondría tan contento si se encontrase con eso mismo que nosotros no queremos.

Y, luego, que uno se los queda mirando y… La tabla de planchar, por ejemplo. La tabla de planchar con su soporte, de aluminio, sus tornillos, su mecanismo para extenderla, la funda que cubre lo que es propiamente el tablero (también de aluminio, como un enrejado) sobre el que luego se colocará la prenda que vas a planchar… Todo eso ha sido ideado y atornillado y armado y fabricado por personas que un día se estaban levantando de la cama a toque de despertador y renegando porque era su obligación, levantarse y lavarse y vestirse y desayunar para acudir a trabajar a una fábrica que hacia tablas de planchar.

Y esa persona, mientras colocaba las piezas de aquello que terminaría siendo una tabla de planchar  (o le daba al botón o al resorte que de forma mecánica ensamblaba las diferentes partes, que no lo sé, nunca he visitado una fábrica de tablas de planchar) no estaba, como es natural, todo el rato pensando en la tabla, pero sabía (aunque tampoco lo estuviera pensando adrede) que el madrugón y la pereza vencida a regañadientes, y los empujones soportados en el metro, y el estar renunciando a un tiempo que con gusto hubiese utilizado en cualquier otra actividad más de capricho, estaban teniendo como finalidad el proporcionarle un sueldo con el que comprar, a lo mejor (y entre otras cosas), un tendedero plegable tan práctico cuando hay necesariamente que lavar pero resulta que está siendo una temporada muy lluviosa, y esperar a que mañana a lo mejor escampe es nada más posponer el problema; así que sí, esa persona que fabrica tablas de planchar utilizará parte de la ganancia en adquirir un tendedero plegable, o una silla, plegable también y también tan práctica cuando,  de repente, por motivo de una celebración o de lo que sea, resulta que faltan sitios en los que sentarse y, ah, la silla plegable, voy a por ella.

Y así, de a pocos, las cosas se van de alguna manera impregnando de las gentes que por cualquier motivo tuvieron que ver algo con ellas; y luego, el siguiente, el  que un día adquiere esa cosa y se la lleva a su casa y la saca del embalaje se encuentra frente a unos cartones (el embalaje) de los que hay que desprenderse, no va a ir uno dejando amontonados cartones de embalar por los rincones; cartones que a su vez fueron fabricados para exactamente contener aquello que venía dentro e ideados de tal forma que su estructura sirve nada más y justamente para dar cabida y albergue a… pues la tabla de planchar, por ejemplo.

Y para construir ese embalaje que luego no va a servir más que para tirarlo alguien se levantó una mañana, maldiciendo y a toque de despertador, y se lavó y se vistió y desayunó  y aguantó los empujones en el metro para acudir puntual a una fábrica de embalajes para tablas de planchar pensando (aunque no adrede ni conscientemente) que con parte de las ganancias obtenidas de su trabajo como montador de embalajes compraría zapatos para sus hijos, por poner por caso, que a la larga se romperían o se les quedarían pequeños y habría que terminar tirando además de, eso también, haber requerido para su más cómoda manipulación y almacenado las cajas correspondientes que, antes o después, terminarían también desechándose…

Este tipo de cosas he pensado mientras bajaba al trasterillo del sótano la tabla de planchar y el tendedero y la silla plegables.

Y no he querido pensar cosas más profundas porque habría podido llegar a reflexionar sobre cuestiones que, no sé por qué, me han dado no sabría si decir pereza o miedo.



martes, 1 de mayo de 2012

Texto 3.21

Publicado por  el may 1, 2012 en Tercer mensaje. Peregrinos de una tierra sacralizada 

3.21 “Cuando los números no sólo eran utilizados para reflejar magnitudes económicas o cuantificaciones físicas, los magos relacionaban numerológicamente el movimiento de los astros con las corrientes energéticas que cruzan la Tierra, designando a cada espacio áureo y telúrico con un número poseedor de atribuciones y características precisas; gran parte de las tierras rusas estaba tatuada con el número de la bienaventuranza: el siete”.
COMENTARIO DEL AVENTURERO
Las personas que han profundizado en el origami (papiroflexia) saben que la complejidad tridimensional que un objeto puede alcanzar dependerá de cómo hayas sido capaz de organizar las dimensiones de la superficie de partida. El ser humano reproduce este desarrollo desde el cigoto hasta el neonato en donde las instrucciones para el plegamiento están inscritas en su ADN. Podríamos decir, por tanto, que somos un plegamiento del espacio tiempo cuyo diseño se encuentra en la geometría que está inscrita en la sucesión de mensajes del ADN.
Esto mismo parece describir las relaciones número-mágicas entre los distintos elementos de la cosmogonía, siendo el número un rastro de una interrelación geométrica más profunda. Así parece que, no solo la disposición en el espacio de los astros estén influyendo en el comportamiento traslacional o magnético de la tierra, sino en la definición de su propia estructuración interna sutil. De esta manera la atribución numerológica de las corrientes energéticas de la tierra, evidenciarían los pliegues del otro lado del velo de Maya.

viernes, 27 de abril de 2012

En proporción

Prepara ventanas asimétricas, huevos duros y hornacinas con camafeos que van más allá de los signos heráldicos de los monótonos escudos nobiliarios que vieron los ojos de los niños que no serán viejos, ni tendrán memoria,  ni vestirán ricos brocados que trajo quién sabe de dónde algún navegante que inventó leyendas de tierras lejanas y gentes distintas; prepara, también, una larga hilera de cuentas perdidas de rosarios rotos que con sus misterios, ahora mutilados,  no cerrarán nunca el círculo errático de rezos cansinos que ancianas de luto y púberes sordos bordarán al paso de estrechos caminos de luces y sombras que, entre las almenas de antiguos castillos o desde lo alto de alguna promesa hurtada al destino, atisban llegadas de inviernos que hielan de miedo y de frío la sangre sedienta de venas vacías de tantos tan torpes romances perversos malquistos glosando dispares certezas huidizas que se desvanecen, tan pronto las pintan, no dejando luego tras de su caída más que el sabor acre que empaña y aviva las furias que duermen en la entretejida  desventura loca de los que conciben que el mundo está hecho a bulto y capricho de los que creyeron que podían medirlo de un extremo al otro como si entre medias no hubiera resquicio para la mesura ni para el oficio sagrado de quienes sin parar en mientes renuncian al mundo y a sus menesteres.
Y mézclalo todo, junto en un lebrillo, y bátelo luego a punto de nieve y a pico de pato y a punta de espada y, a partes iguales, aparta qué sientes y qué es lo que piensas cuando te entretienes perdiendo tu tiempo que a nadie le debes ni pedirle cuentas o darle bolilla a los que te quieren negar qué tú puedes ni qué lo que a ellos mal pueda traerlos al fresco o a vueltas con qué es lo que aprenden cuando, tan sensatos, se burlan sin tino y a tientas sin verse más que en el espejo de sus cortas miras y sus torpes mentes.



miércoles, 15 de febrero de 2012

Texto 3.16 (Último del prólogo a la carta número tres)

Publicado por  el feb 15, 2012 en Prólogo a la carta número tres. Rastros de nuevos tiempos | 43 Comentarios

3.16 “En las tierras anchas de Rusia, la luz que facilita la respiración perfecta, que acapara los pulsos, que despierta a la mente intuitiva, que transforma el deseo en voluntad, que reza y persigue la consciencia, es la luz del aceite y de las musas, la que no habita en la apariencia, la que desfigura la apariencia de la realidad, aquella que con menor vibración ilumina el cerebro, el futuro”.
Afrodita
15 febrero, 2012
No conozco Rusia, ni por tanto sus tierras que siempre, eso sí, me he imaginado muy anchas. Por otra parte tengo oído que las gentes somos como los lugares en los que… no me sé bien la letra y dudo si dice en los que nacimos o en los que nos movemos.
Pero el caso es que, en la medida en que sí conozco (poco) de tierras y espacios tan distintos como se dan en la relativamente pequeña extensión de España, sí creo que los lugares (las regiones) más abiertas y luminosas propician una forma de ser también más abierta.
No me refiero con abierta a que se sea más comunicativo o risueño o bullanguero, sino a una forma de percibir la vida y el mundo de manera más… Se me ocurre “ecléctica” y lo dejo estar.
No quiero poner ejemplos concretos de tantos y distintos artistas (sea en cante, sea en baile, sea en prosa, sea en poesía, sea en lo que sea) como, dependiendo si son o han sido del sur o del norte o del centro o de cualquier otro punto cardinal, han plasmado qué veían, qué escuchaban, qué respiraban de maneras (algunos, por eso no quiero meterme en el jardín de nombrarlos) pavorosamente estrechas, casi agobiantes, mientras que otros nos muestran a través de su hacer y de su plasmar y su expresar una concepción del Todo que, sin dejar de ser subjetiva (y eso no es defecto, todo lo que una persona dice o hace ha de ser subjetivo para que se lo perciba como veraz) es bastante más… No encuentro la palabra, pero me imagino una especie de eclosión (si sirve).
Y eso tal vez se deba, sí, a que los espacios conllevan que las respiraciones y los pulsos tengan distintos ritmos en unos y en otros; y a lo mejor a que las musas puedan en unos corretear a campo abierto mientras que en otros se tienen que abrir camino a trancas y a barrancas y echando el bofe…
O lo mismo estoy largando una sarta de sandeces y lo he entendido todo mal y resulta que la fuerza interior del alma humana puede vencer cualquier tipo de estrecheces; y que las musas cuando ven la cosa chunga abren las alas y salvan todos los obstáculos y todos los inconvenientes.
                    No lo sé.
                    ***
La tía viuda de las de Barbadillo del alcornocal
21 febrero, 2012
“La que no habita en la apariencia, la que desfigura la apariencia de la realidad”.
Que sea luz que no habita en la apariencia induce a pensar que sí es luz que sí habita en la realidad; pero, acto seguido, te encuentras con que ella misma – esa luz – desfigura la apariencia de la realidad.
Es decir, si estoy entendiéndolo bien, que sin esa luz la realidad es aparente.
Y si la realidad que tenemos por real es aparente casi como que no queda otra salida que inferir que la verdadera realidad sólo lo es una vez que ha sido ungida; una vez que ha “pasado por las manos” de las musas.
Pero, pregunto, ¿no son las musas criaturas adornadas de muy poquito sentido práctico?
Las musas no se preocupan, las muy panda frívolas hatajo de egoístas despiadadas, de los pequeños aconteceres que conturban y desasosiegan a los pobres mortales (estoy pensarlo, sin poderlo evitar, en que se me han desprendido esta misma mañana cuatro azulejos del cuarto de baño) que no nos sentiríamos desasosegados y conturbados si ellas, tan a lo suyo y a su mantenerse en su esencia y puridad contra viento y marea y a no dejarse influenciar por las tribulaciones de quienes las convocan, se mostrasen, aunque sólo fuera un poco, más propicias.
Pero las musas son esquivas; se desentienden de las angustias y tribulaciones de aquellos que, deseosos e impacientes por hallar un algo de sosiego que propicie el invocarlas, ven frustrados sus afanes cada vez que, por poner un ejemplo, se les desprenden cuatro azulejos del cuarto de baño.
Y así no hay manera.
***
El sobrino del guarnicionero
28 febrero, 2012
Es verdad, parece que en circunstancias favorables, cuando la vida fluye sin sobresaltos y el entorno es amable, el alma tiende más a dejarse llevar por la inercia de esa facilidad, y simplemente absorbe lo que hay; son épocas, esas apacibles — que se dan, aunque en ocasiones por periodos muy cortos o de forma esporádica, pues hasta en las circunstancias más adversas aparecen momentos de respiro —, que invitan a nutrirse de lo que otros hicieron, o crearon, en las épocas ingratas en que la única salida era hurgar en los propios recursos.
Y va dando la vuelta, como en ciclos. Tiempos de dificultades y creatividad que paren obras teatrales, literarios, o pictóricas o musicales que en tiempos bonancibles acudiremos a contemplar o leer o escuchar…
Un poco como si la memoria colectiva tuviese un algo de espíritu de hormiga (y de cigarra al mismo tiempo) pero — me acabo de dar cuenta en este instante, justo al escribirlo —, cosa curiosa, con los tiempos invertidos; quiero decir que almacenamos cuando no hay riqueza o abundancia y derrochamos lo que hemos recolectado con tanto esfuerzo cuando el entorno ofrece abundancia.
Esto me lleva a barruntar si la auténtica riqueza, lo que hace grandes a las naciones, será más lo que son capaces de crear sus gentes (su cultura y todas sus expresiones artísticas, imagino que quiero decir) que su PIB.

sábado, 4 de febrero de 2012

Letra para música Rap

He subido he bajado de los cielos al sotano mas oscuro mas lobrego de todos cuantos sotanos pueda hallar el alma en vuelo que batalla y se debate y que lucha por salvarse de las garras del maligno que quiere torcer su sino y lanzarla a los abismos del horror y del maldito infierno de los proscritos que se vieron desterrados de la casa del Divino.

He rogado he plañido he llorado y he reído y he mirado a las estrellas por ver si veía algún signo de la gloria de la gracia y de la bondad que emana de las almas de los hombres de los cuervos y las ranas y de todo cuanto vive sobre la tierra que brama en demanda de almas puras que busquen no mancillarla.

He lavado he barrido mi casa y me he vestido con las galas que me adornen del encanto requerido para ir a buscar posada allá donde no haya nada del pavor ni la desgana que atormenta en la mañana a las gentes que se lanzan sin rumbo y sin esperanza a la calle por largarse de la soledad malsana.

He buscado y me he perdido y hoy encuentro en mi camino todos los rumbos queridos que soñados y dormidos despiertan por darme auxilio y llevarme hacia mi sino que no será sino el sino que aguarda a los descreídos que dejaron algún día de pensar que no existía en la vida más destino que una oscura tumba honda en un cementerio frío.