viernes, 15 de abril de 2011

Texto 2.20

Publicado por  el abr 15, 2011 en Segundo mensaje. La naturaleza posible

2.20 “Como en cualquier cuento tradicional, hay tres caminos delante de cada hombre: el del cuerpo, el de los sentimientos y el del espíritu; no hay que mostrar perplejidad ante la necesidad de elegir, el problema es no renunciar a ninguno de ellos”.

Afrodita
15 abril, 2011
Y, como en los cuentos tradicionales, aparecerán en cualquiera de los caminos —en el del cuerpo, sobre todo, pues todo cuanto conlleva nuestra “humanidad” es siempre el mayor, y el más pesado, y el más engorroso de los impedimentos —inconvenientes, y obstáculos, y monstruos y dragones que nos asusten; habrá entonces que elegir entre saltar por encima, o rodearlos, o enfrentarse a ellos. Antes de precipitarse sobre una de estas tres opciones habrá, imagino, que pararse un momento a considerar que la más recomendable ha de ser, seguro, la que menos nos aparte de los otros dos caminos.
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Pizquita
19 abril, 2011
Lo mismo que sucede en el juego de la oca se cae a veces en el pozo o en la cárcel. Algo parecido a días y hasta temporadas en los que parece que no pasa nada y que todo lo que se hace es nada más subsistir, y que el esfuerzo por subsistir es sólo un impulso ciego o irracional de seguir subsistiendo sin saber para qué.
A veces incluso se retrocede.
Pero aun con sus retrocesos la vida sigue, igual que sigue el juego.
Y mientras la vida sigue continúa en el juego el que la vive.
Y en tanto parece que se está estancado o se retrocede algo estará pasando el algún lugar del subconsciente, o del inconsciente, o de la memoria.
Y a lo mejor lo que está sucediendo ahí sin que se sepa que está pasando está tejiendo soluciones de las que no nos damos cuenta hasta que, llegado el caso, se llega a algún pasaje de la vida parecido a otro en que nos atascamos; pero, esta vez, sin poder precisar por qué, resulta sorprendente el recordar haberse atascado por algo tan irrisorio.
Debe de ser algo así como esos ratos, tan corrientes y normales, en que uno permanece parado, quieto y sin estar mirando la televisión, ni escuchando la radio, ni recordando cosas viejas ni proyectando propósitos nuevos, ni haciendo planes, ni echando cuentas. Luego miras el reloj y ves que han pasado minutos o quizás horas, y te preguntas en qué habré estado yo pensando.
Si fuera posible atrapar ese pensamiento. Escribirlo. Dibujarlo. Ponerle música.
A lo mejor eso es el arte. Pero qué difícil es reconocer el contenido, el de qué están hechos esos ratos perdidos que están siendo quizás tan importantes.
Otra cosa curiosa del juego de la oca es el tiento, el cuidado, o la suerte necesarios para no pasarse del cielo y volver atrás. Pero de todas formas el juego y la vida seguirán. Es un juego extraño que no hay posibilidad de abandonar.
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  1. Afrodita
    23 abril, 2011
    Todos sabemos lo importante que es para todo la voluntad, y lo muy beneficioso del fortalecerla. Otra cosa es qué entendemos cada uno por voluntad y el saber diferenciarla de lo que tan sólo es intención; aun sin dejar de considerar que existen las “buenas intenciones”.
    Pero aun con la bondad que pueda guiar a la intención es esta, la intención, una especie de estadio menor que puede confundirnos con facilidad, y hacernos creer que aquello en lo que imaginamos debemos superarnos lo encontraremos por un camino que vaya a llevarnos a alguna parte; alguna parte donde suponemos que vamos a acceder a algo que nos abra nuevas puertas hacia el logro de sensaciones fantásticas.
    Y en ocasiones esas sensaciones son ciertamente fantásticas, ficticias, que nos pueden colocar en situaciones muy peligrosas.
    Así hay personas que se entregan a prácticas encaminadas a, por ejemplo, aprender a levitar.
    No es que levitar sea algo por lo que haya que sentir de entrada ningún tipo de prevención; pero no creo que tenga sentido andar dando el espectáculo revoloteando a medio metro del suelo ante los ojos asombrados de los que se encuentren alrededor.
    Puede parecer una forma un tanto tosca de expresar lo que tal vez sea algo bastante más trascendente, pero esa trascendencia habrá de estar sustentada en criterios que sean también y a su vez trascendentes.
    Cuando se alcancen – quien las alcance – ciertas cotas de pureza, o de espiritualidad, puede que el levitar sea algo perfectamente sencillo y accesible; pero también es muy posible que quien alcance esas cotas haya accedido a ellas sin que lo haya empujado el deseo de experimentar sensaciones emocionantes. Y a lo mejor esa persona que puede levitar no lo hace nunca sencillamente porque no hay nada en su entorno que requiera ni demande el hacerlo.
    El común de los mortales se siente bastante atraído, le fascina todo lo que va rodeado de un halo de misterio o de espectacularidad.
    Así se puede adentrar uno por sendas muy peligrosas.
    He andado husmeando un poquito por internet; creencias y opiniones y literaturas “a los respectos”, y personajes. Y los pelos se me han puesto un poquito de punta.
    Pero ahí, fuera de cada uno, está el mundo exterior y todos los prodigios que coloca como si dijéramos al alcance de la mano.
    Es apabullante la tenacidad que los humanos ponemos en buscar soluciones y verdades fuera siempre de nosotros mismos, nunca dentro.
    Y no es que pretenda yo que todo lo vistoso o espectacular sea siempre y del todo mentira o erróneo; pero si convendrá tener en cuenta con qué criterios se adentra uno por determinados caminos y qué objetivos se persiguen. Porque puede suceder, como en el cuento de Lewis Carroll, que salgamos a cazar un snark y nos encontremos con un boojum.

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  2. Afrodita
    29 abril, 2011
    A ver, por favor, tengo una duda que me viene corroyendo hace años.
    He terminado de leer el libro “Una breve historia de casi todo” que me ha aclarado bastantes cosas; bastantes cosas al nivel al que yo puedo acceder a conclusiones. Pero, el tema de la célula… El tema de la célula y su núcleo, y el ADN, y los genes con todo su arsenal de cromosomas; y los átomos también con sus núcleos, y sus protones y sus electrones y sus neutrones dando ahí vueltas…
    Me he aprendido que el ADN es como un hilo largo que va dentro de la célula; no sé si en el núcleo o en la parte de fuera. Pero, ¿y los genes?, ¿Los genes con sus cromosomas dentro están dentro a su vez del ADN?
    ¿Y todo ello está a su vez compuesto de átomos con sus correspondientes núcleos y protones y neutrones y electrones? (Creo que ahí si me he enterado de que los protones y los neutrones van en el núcleo y los electrones en la parte de fuera; pero que alguien me corrija, por favor, si no es en ese orden).
    Mis preguntas son, por resumir:
    ¿Cada cosa la una dentro de la otra, como en por ejemplo las muñecas rusas?
    ¿Cada una de esas cosas está a su vez compuesta de átomos?
    Y es que tampoco tengo claro si la célula y todos sus componentes son sólo materia y los átomos con todos los componentes suyos son sólo energía; ni si célula y átomo son cosas totalmente distintas en cuyos respectivos funcionamientos se complementan, pero no está la célula compuesta de átomos…
    No sé hacer la pregunta mejor, pero creo que se entiende.
    Luz, si eres tú quien me lo explica que sea en términos por favor muy sencillos. Hazte la idea de que se lo cuentas a un niño de… unos ocho o nueve años. Diez, todo lo más.
    Otra de las cosas que no entiendo, o más bien que me llama la atención (entenderlo propiamente sí lo entiendo), es que habiendo podido la ciencia averiguar tantas cosas de tan difícil acceso como el fondo de los mares o el centro de la Tierra, o poder asegurar dataciones de hace miles de millones de años, cómo todo lo concerniente a la evolución humana (evolución en cuanto a especie, no la evolución de que hablamos en el blog) está rodeado de imprecisiones, de suposiciones, de lagunas y de contradicciones sobre las que los científicos parecen pasar de puntillas.
    Es como si no tuvieran ni medio claro lo de que descendemos del mono, o de que procedemos de un tronco común, pero estuvieran firmemente resueltos a negarse a contemplar cualquier otra posibilidad.
    No comprendo esa actitud, que además me desconcierta.