domingo, 14 de marzo de 2010

Texto 1.14 (Último del Prólogo a la primera carta)

Publicado por  el mar 14, 2010 en Prólogo a la primera carta. Siguiendo Rastros

1.14. “Si a todos estos baremos subjetivos que se podrían ir descifrando se añade la influencia arquetípica grupal, se puede rozar la sensación de que el ser humano vive en una cárcel y cada uno es carcelero y preso, creyendo que la llave de su celda la guardan siempre manos ajenas”.

Afrodita
19 marzo, 2010
Esto empieza a dejar de estar interesante para ponerse decididamente apasionante.
Tantas cosas, y temas, y opiniones como van surgiendo; y tantas preguntas como cada nueva aportación genera, y tantos pequeños y grandes “es ques” “aunques” y “peros” y “sin embargos”.
A ver si soy capaz de llevar un orden.
Anónimo escribe de las bondades de estar en la frontera del arquetipo (pasado a mis palabras resumiéndolo); y estoy de acuerdo siempre que ese estar en la frontera sea espontaneo, o natural, o desinteresado o incorporado al “yo” – no sé muy bien cómo explicarlo – pero no estudiado ni aquilatando el propio interés o conveniencia.
La atención de Enrique se posa sobre el nudo gordiano formado por el azar el destino y el libre albedrío, tan jamás resuelto ni mejor abordado por científicos o por filósofos o por teólogos que por personas corrientes, de la calle, sin ninguna formación académica. Pero, como parece que los humanos llevamos impreso en alguna parte de nuestro ser el querer desentrañarlo, este es un buen lugar para intentarlo y enfrentar una vez más el interrogante de si son nuestros azares imbricados con los libres albedríos de otros los que determinan nuestro destino (y los suyos) o, como caben muchos tipos de combinaciones y por coger una ― al azar, por cierto ―, es el destino ya fijado de cada cual el que viene a realizarse valiéndose de encuentros (buscados o fortuitos) con azares y circunstancias y libres albedríos ajenos.
Todos vemos cómo es bastante común que cuando las cosas ruedan a nuestro favor denominemos “suerte” al azar; y esa suerte es “nuestra” y nos arrogamos su propiedad; cuando los vientos soplan en contra la culpa suele tenerla nuestro “destino adverso” que unas veces catalogamos como, eso, “destino” (contra el que no hemos podido hacer nada), y otras como interferencia ocasionada por el libre albedrío de alguien de fuera, ajeno, para el que no solemos utilizar el mismo baremo que para nosotros… Vamos, que algo así como el estudiante cuando dice “he aprobado” o “me han suspendido”.
Y en función (nunca sé si es más correcto “en función” o “en virtud”) de tal criterio, a mí me parece que no hay un solo ser humano que no maneje en su vida cotidiana, en una especie de tótum revolútum, los tres conceptos aunque, esta vez sí, a libre voluntad y en uso de su derecho al libre albedrío.
¿O sí hay algún ser humano que crea a pie juntillas y con absoluta exclusión de lo demás que todo es destino, o todo libre albedrío, o todo azar?
Mientras escribo aparece publicado el comentario número 14, de Anónima; un claro exponente, la historia que en él narra, de cómo el verdadero para qué de la vida no debiese estar tan esclavizado, al servicio las más de las veces al único fin ramplón de la supervivencia por más que quienes desempeñan labores o puestos de más lustre se quieran creer que su situación es de mayor privilegio que la de los que gozan socialmente de menor prestigio.
Y ahora regreso al orden cronológico, del que volveré seguro a desviarme.
A continuación de Enrique está Ulises regresado, preguntándose a por qué siendo el mensaje de todas las religiones tan parecido los enfrentamientos entre los que practican unas u otras son tan grandes.
Todas parecer exhortar a que seamos “buenos”, pero en alguna parte la “bondad” se disocia y tira por caminos tan dispares como que lo bueno es dejar en libertad al otro o que, por el contrario, lo bueno es traer a ese otro a “mí” camino, que es el verdadero.
Lo que plantea Ex-colástico, una vez clarificado tras afinar la idea inicial después de la observación de Enrique, ofrece visos convincentes de que por qué no, por qué el destino ha de ser una cuestión ultimada, una especie de cofre cerrado y sellado cuyo contenido hágase lo que se haga no va a modificarse.
Acabo de hacer un recuento de cuántos caracteres llevo y veo que estoy a punto de que el sistema me venga con la copla de que sobran. Así que me guardo en la memoria que voy por Sinuella, y seguiré en otro momento. Además me da un poco de apuro extenderme tanto como suelo, y tan seguido.
Afrodita
29 marzo, 2010
Según el diccionario de la RAE existen cinco definiciones para la palabra arquetipo. Algunas son más, no sé, se me ocurre “etéreas”, y en mi primer impulso la idea que me acude a la cabeza es ― para pasarlo a un ejemplo concreto y que en mi opinión es enormemente gráfico, siempre, claro, de mi idea un poco peyorativa de “arquetipo” ― el personaje de la Gran Portera que glosa con tanto acierto Eolo.
A fin de cuentas y pese a todas las conceptualizaciones más o menos cultas o elaboradas que se puedan forjar en la mente acerca de una palabra concreta ― que no esté siendo mesa, silla, ventana, tornillo, etc., y aún así pueden surgir equívocos y matices ― lo que funciona como arquetipo en la vida cotidiana de los mortales corrientes son esos personajes que arrastran (por el fango, sí, pero las arrastran) multitudes que se avienen de buen grado a dejarse embrutecer.
Es así como desde mi entender (siempre mi entender, y sólo mi entender) el autor se refiere al arquetipo grupal; la masa de personas que toman a semejante espécimen (u otros del mismo o similar jaez) como modelo…
En cuanto a solicitar al autor que nos dé su personal definición creo que, en primer lugar, definiciones académicas ya las hay; en segundo lugar, si deseara darla lo habría hecho desde el principio, pues no parece que a la vista de sus textos sea una descripción de más o de menos lo que se le vaya a él a hacer (dicho en forma coloquial) cuesta arriba; en tercer lugar no creo que fuese acertado acogerse a la definición rígida e inequívoca que alguien, por muy listo que sea, nos facilitase tan cómodamente y sin que tuviésemos que dedicar más esfuerzo a desentrañarla por nosotros mismos; en cuarto lugar, si tuviésemos la tal definición, ¿qué sería de este blog y de todas nuestras cavilaciones?
Llevamos a cuenta del arquetipo grupal cerca de 60 comentarios, magníficos algunos. Prefiero seguir en mis confusiones y continuar leyéndoos a todos.
Afrodita
30 marzo, 2010
Pues voy a insistir, aunque ninguno me hagáis caso. Del texto no se desprende para nada que el autor conceda a la “influencia arquetípica grupal” ninguna buena cualidad. No la presenta como deseable, algo que haya que buscar y por lo que suspirar, sino bastante nociva.
Por otro lado, cuando al arquetipo se le da el significado de “lo primero” (modelo original y primario, literalmente), se está queriendo significar qué: ¿Qué es el modelo base, divino, primigenio y único válido o que es el primero que acude al pensamiento?
El mundo de las palabras, que es bastante puñetero, se presta a que lo “primero” pueda ser lo último, lo más inmediato o tosco o, no se me ocurren más cosas… Quiero decir que parecéis muy empeñados en envolver el arquetipo en glamur y papel celofán.
Es más, me creo yo así en plan de tirar un poco por la tremenda, que los arquetipos están sobrando todos en el planeta; y no porque no haya seres humanos, e ideales nobles, que sean perfectamente admirables y pueda resultar saludable – desde un punto de vista espiritual, quiero decir – el querer emular, o ser reflejo de ellos.
Pero en el momento que se los erige en arquetipos hay algo, de alguna manera, como que se malea y se fastidia.
No me sale mejor lo que quiero decir.
Hala. Besos.