sábado, 20 de abril de 2019

Interferencia (2)


Alfileres sacudiendo sus pequeñas cabezas negándose a ser clavados en cuerpos de mariposas aun calientes describen, entre la hierba húmeda, círculos en torno a las indumentarias de los penitentes que, atrapados entre los petroglifos ya caducos de un futuro rumor blanquecino salpicado de espigas aguardando, esperando dar por vencidos a los comensales que no saben cómo ni cuándo sentirse saciados, ahítos de aburrimiento o de ese frio olor a no recuerdan qué otro lugar en sus andanzas a deshoras ni, menos aún, exculparse del pecado en que incurrieran al, desconociendo el centro de reunión en que guarecerse del olvido, trocar la vanidad de los cautivos y la temeridad, estúpida, que arroja bocanadas de paciente estupor por retazos de la calma tensa que se agita entre los pliegues angostos de lo que siempre será  apenas resto exiguo no más perdurable, eso es verdad, que la palabra muerta pero sí, y aunque fuese mentira, de lo más intangible, escurridizo, de ese necio valor incalculable que resiste los envites de un destino no menos audaz que la esperanza ciega que se cierne voraz, con desencanto, sobre el influjo desgarrador, por más que incierto, que alienta implacable siempre en el fondo del alma de esos pequeños seres torturados.

martes, 2 de abril de 2019

Una cuestión de cálculo


Había perdido el tiempo, un zapato, y la oportunidad de rectificar. Lástima de zapato, pensó, rascándose el entrecejo entreverado de recuerdos tan angulosos que las uñas captaron al vuelo que no iba a ser necesario ser Pitágoras para entender que piezas tan irregulares sería mucha casualidad que pudieran encajar.

Consideró la conveniencia de sentarse a descansar, en una piedra, la primera que encontrase al doblar la esquina de la calle erizada, por alguna enigmática razón, de redondeos en su contra siempre; pero hubo de conformarse con dejar caer, cuan larga era y en absoluto corta, aquella habilidad tan suya para ―desprogramada, si, y a lo mejor hasta un poco herrumbrosa; pero que siempre había pesado en las almas de sus detractores no más, pero si lo suficiente, y aun necesario,  como para obligar a que anduviesen ellas un poco escoradas, siempre del lado contrario al del avance calamitoso pero pacífico y bastante locuaz de un desconsuelo cargado de puntualizaciones y advertencias tanto, a ratos,  de que podía no resultar del todo procedente dar un no por respuesta (acompañado sí de una sonrisa, y envuelta en una amabilísima polémica), tanto, a otros, de que no cabría, por más que se la ajustase y recortara, posibilidad ya de perdón ora de enmienda―, una vez desechos los nudos con infinita paciencia y atado, con dos lazadas de cordón el zapato que sí le quedaba, despojarse una por una y con gesto metódico, pausado, de todas aquellas prendas que la adornasen cuando aun desconocía que no eran de ella.

Y se sintió ligera como una pluma.

¿Por qué, tonta, has esperado tanto; tan fácil como era?

viernes, 14 de septiembre de 2018

En el Paraiso


Original sin fecha ni firma realizado con ceras sobre papel de estraza allá por los años 80 del siglo XX.
Medidas: 50X36 cms

domingo, 22 de julio de 2018

Texto 14.19

14.19 “Para que haya arte hay que convocar a la misma feria a los genios de la tierra desde la limpieza, a las hadas del aire desde el amor, a las musas del fuego desde el sacrificio y a los ángeles del cosmos desde el azul. Y los genios y las hadas se pueden encontrar porque se esconden en la belleza de las cosas, están detrás de una mirada y flotan en un paisaje, pero las musas y los ángeles viven en las ciudades de cristal esperando el impulso del hombre para su evolución. Y es en si misma la evolución la síntesis poética de todas las artes.”
 
COMENTARIO DE EL AVENTURERO
Tratar de convocarnos desde la limpieza, la fluidez de nuestra energía, la falta de máculas, manchas, pecas, pecados. No poner obstáculos a la energía ascendente de kundalini; cruzar abrazando el centro del caduceo con ochos que acaban abriéndose en la horizontalidad de la cruz, dando y buscando amor. Genios de la tierra, hadas del aire, intento de purificación, logros del amor que cada vez se magnifican más y buscan la alegría, la comunicación con musas y ángeles; musas que esperan la llegada del héroe cabalgando a Pegaso, ese héroe que deberíamos ser todos los que quieren completar su evolución. Y también ese caminante, ese héroe, que durante todo su trayecto ha ido recibiendo el mensaje del ángel —mensajero, hermes, angeloi—, mensaje que se modificará en su camino y que desde su evolución abrirán las ciudades de cristal donde se encuentran a la espera las musas, los ángeles.
Esos ángeles, desde el azul van a enviar mensajes del Padre al Cristo, al Ungido, a Jesús de Nazareth. Anunciarán su venida; le acompañarán en Getsemaní, abrirán su sepulcro y caminarán con él a Emaús. Y no modificarán su mensaje porque el Cristo es la «evolución, síntesis poética de todas las artes».

martes, 3 de julio de 2018

Solo, sólo solo


Aquí se quedará solo
cuanto en la vida forjó
sólo amargura y pesar
arrastrados al solaz
de soledades que azar
zarandeó a su pasar
para de vuelta rondar
cantares que al despertar
desvelarán sin piedad
qué fue y qué no fue verdad.
Y sólo quedado y quieto,
mustio de tanto pesar, 
solo sabrá recordar
que de haber subido más
en la escala del afán
de no querer mal causar
ni en tristezas embotar
al alma que lo sufrió
se hubiera podido alzar de, 
de rodillas, llorar.